Los libros quemados de los profetas del desastre
No dejan de sorprender las arremetidas de los enemigos del proceso revolucionario liderado por el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, sobre todo si mantienen tercamente la línea de buscar identificarlo con el autoritarismo fascista internacional. Desde que nuestro Presidente asumió ubicarse al lado de los pobres de la tierra, y empezó a demostrarlo con acciones coherentes a su pensamiento, los laboratorios de la derecha empezaron una campaña para acusarlo de dictador, gorila y autócrata. En honor a la verdad, si de algo se puede catalogar dicha campaña es de poco exitosa tomando en cuenta lo evidente que resulta esa suerte de libertinaje político ejercido desde la propia oposición y que ya hace mucho tiempo habría agotado los niveles de tolerancia de cualquier mandatario. Son muy pocas, las voces que siguen insistiendo en ese sentido y escasa la resonancia que tales calificaciones han generado incluso en los círculos de la oposición moderada. Sin embargo, otro es el cantar en lo referente a la campaña hacia el exterior y en ese sentido, si que se han hecho valer de mecanismos eficientes para despertar el terror al fascismo en el inconsciente colectivo de los pueblos del mundo.
El Inicio
La reacción valiente por parte del gobierno venezolano al fijar postura con el pueblo palestino en contra de la agresión genocida del Estado de Israel en la Franja de Gaza dio pie para iniciar una campaña dirigida hacia la construcción de una imagen hitleriana del Presidente. Después vendría la acción vandálica contra la sinagoga de Maripérez y las voces a coro acusando de Antisemita al gobierno. A partir de ese momento, las condiciones estaban dadas para arremeter con el reforzamiento de una imagen de gorila bananero de consumo masivo para el público internacional.
Así, y siguiendo la lógica del pensamiento nazi, el siguiente paso consiste en demostrar que es, justamente, desde las políticas culturales del gobierno que se han dado los pasos necesarios para ejercer la dominación autocrática. Primer escándalo, una supuesta prohibición a la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho de participar en el montaje del musical “El Violinista sobre el tejado” pues, aparentemente, la obra exalta los valores del pueblo judío y eso no “conviene en estos momentos”. La noticia conmueve a los círculos teatrales y musicales del país mucho más que el asesinato de miles de niños y mujeres en Palestina. Los comentarios corren vía internet como reguero de pólvora: El gobierno de Chávez toma acciones contra el pueblo israelí y su cultura. Al final, la obra se presenta y, extrañamente, los productores de la misma deciden no hacer ningún comentario al respecto.
Pinochet en Miranda
Ahora la ofensiva va dirigida a la quema de libros, otra imagen emblemática de los regímenes autoritarios. Durante el mes de marzo se ha convertido en escalada mediática el rumor según el cual se viene practicando la incineración selectiva de libros provenientes de las bibliotecas públicas, acción detectada, como es de esperar, en las bibliotecas pertenecientes a la gobernación del Estado Miranda, recuperadas por la “oposición democrática” y desde la que se acusa al gobernador saliente, Diosdado Cabello, de haber acabado con colecciones completas de libros “incómodos” al régimen. De acuerdo a la información, más de 62.000 libros fueron extraídos de las Bibliotecas Públicas Cecilio Acosta y Rómulo Betancourt para ser vendidos como pulpa. Destacan los diarios que hasta clásicos infantiles como “El Principito” de Antoine de Saint-Exupery cayeron en las garras de la censura chavista por promover ideas foráneas, Tímidamente una periodista se atreve a afirmar que “desincorporar y descartar libros es un proceso natural en la renovación de cualquier biblioteca (…) en ese tema todo esta normado, escrito y soportado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional” pero, con todo y eso, hablan de criterios irregulares que, sin embargo, no aparecen en ninguna de las actas. Nos preguntamos: si no aparecen en las actas ¿Cómo se presume que los criterios fueron distintos a los establecidos en el Manual?
Curiosamente, desde el mes de enero, han llegado a la Biblioteca Nacional numerosas denuncias en torno a la desincorporación de libros de contenido político afín al proceso de transformación que lidera el Presidente Chávez de las bibliotecas públicas de Miranda, Táchira y Carabobo, hecho del cual no se hizo eco ningún medio de comunicación. Cuando el Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información del Estado Miranda inicia esta cruzada en defensa de los libros destruidos, casi de manera milagrosa reaparecieron en sus estantes los libros de la llamada “sección ideológica” ¿Rectificación o cambio de estrategia?
El Libro Fénix renace de sus cenizas
El último escándalo se prende en Carora donde, aparentemente, se desincorporaron 3000 libros pertenecientes, entre otros, a la colección de Don Cecilio “Chío” Zubillaga, ubicada en la Biblioteca Riera Aguinagalde,de esa importante ciudad larense para hacer una pira digna de Joseph Goebbels, fanático ministro de propaganda de Hitler, Resulta curioso, por no decir contradictorio, que se haya arremetido contra el patrimonio documental de Don Chío, tomando en cuenta que este fue un hombre de sólidas ideas progresistas ligado al pensamiento socialista y a la lucha de los desposeídos. No resulta necesaria, a veces, la coherencia en estas estrategias de impacto mediático. Poetas y escritores larenses se lanzan a la calle para protestar por este acto y hasta Caracas llega la noticia inundando pantallas de televisión y columnas de opinión con una unívoca conclusión: El régimen biblioclasta de Hugo Chávez destruye los libros para mantener al pueblo ignorante, borrar su memoria, neutralizar su conciencia y convertirlo en rebaño fiel.
No importa que haya sido por iniciativa de este gobierno que se hayan realizado los esfuerzos más extraordinarios para promover la lectura -siendo el mismo Presidente el primer entusiasta que, sin importar tendencia ideológica, vive a diario recomendando la lectura de autores tan variados como Chomsky y Jorge Luis Borges. No importa que la historia local de cada comunidad se este salvaguardando a través de los Consejos Comunales, la Misión Cultura, los talleres dictados desde la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación, siempre con la premisa de que se defiende lo que se conoce y ahora más que nunca, el pueblo sabe de dónde viene. Menos importa que la actividad editorial propiciada desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura alcance cifras extraordinarias con títulos cuyos autores, provenientes de toda la geografía nacional, no profesan necesariamente la ideología del “régimen”. Títulos que llegan a la luz gracias a las imprentas regionales y que se venden a precios irrisorios en Librerías del Sur, abiertas en todos los Estados del País.
A pesar de todo esto, las agencias de noticias siguen difundiendo por el mundo el memoricidio perpetrado por este gobierno insano.
¿La verdad importa?
Por supuesto que, si no difunden los logros en materia cultural del Estado venezolano, menos aún podemos esperar que le den el mismo centimetraje a la objetiva aclaratoria dada por la exdirectora de la Biblioteca Pública Pío Tamayo, licenciada Eylen Sorelis Jiménez, sobre el destino de los libros supuestamente quemados en Carora. Aclaratoria aparecida en el diario El Impulso de Barquisimeto el día 30 de marzo, a través de la cual se demuestra, en primer lugar, que tales títulos no pertenecen a la colección histórica de Don Cecilio Zubillaga. En segundo lugar, que la colección achicharrada- comprende textos de matemáticas, lenguaje, literatura, ciencias y revistas que, contrariamente al fogoso destino denunciado, fueron reubicados en la Biblioteca Pública La Pastora, en el mismo Municipio Torres del Estado Lara, para la educación y formación de una nueva generación de venezolanos. Finalmente, una vez hecho el debido proceso, y tal como lo establece el mencionado Manual de descarte y desincorporación de materiales bibliográficos de las bibliotecas públicas, se procedió a desincorporar un total de 123 textos deteriorados ubicados en bolsas negras selladas que aún están en la Biblioteca Riera Aguinagalde ¿Libros Fénix que renacen de sus cenizas?
Aún así, todavía el primero de abril seguían apareciendo en diarios de circulación nacional, noticias sobre los libros quemados, dejando ahora la duda acerca de la posibilidad de que se hayan realizado incineraciones en otras 35 bibliotecas del Estado Lara. De todos modos, consideran ellos que ya el daño está hecho. La imagen del Hitler tropical ya ha sido difundida. Los objetivos fueron alcanzados gracias a la eficiente intervención de los profetas del desastre y sus libros quemados. Para nosotros, esas acciones repotencian el compromiso que asumimos con el pueblo como combatientes en la lucha por garantizar el libre acceso a la información desde la Biblioteca Nacional y la Red de Bibliotecas Públicas, donde los libros no se vetan. Por eso nuestra presencia será cada vez más activa en todos los estados, como órgano rector y supervisor de las normas que deben regir en cada una de las bibliotecas del país. Desmantelando la mentira con el apoyo del pueblo organizado.
Ignacio Barreto
Director General
Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Servicios de Biblioteca
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April 2nd, 2009 | Uncategorized
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